Ramiro Choya es al pádel lo que el pádel es a Ramiro Choya. Van de la mano. No se entiende este deporte sin la figura de este madrileño de 52 años, pionero de un deporte que hoy en día es lo que es gracias a su inestimable trabajo desde aquellas primeras pistas que llegaron a España a finales de los ochenta.

“Llevo toda la vida ligado a una raqueta, desde que tengo uso de razón”, asegura Ramiro quien añade: “No recuerdo una imagen mía en la que no sea arrastrando una raqueta”. Cuenta que empezó “muy pequeñito en el club de tenis Chamartín en el que mis tíos eran socios y me hicieron a mí” y que “al tenis jugaba a un buen nivel” hasta que llegó el pádel a su vida: “Cuando tenía 18-19 años hicieron unas pistas de pádel en el club”. Reconoce Choya que “no sabíamos ni cómo se jugaba ni en qué consistía, pero teníamos una buena base de tenis que nos ayudó” y, con una sonrisa, explica que había dos opciones: “ir a la facultad o quedarte toda la tarde jugando al pádel. Evidentemente era mucho más divertido jugar al pádel”. Relata Ramiro que empezaron “un grupo de amigos que teníamos un buen nivel de tenis y lo hacíamos por pasar el rato. Nos apuntamos a torneos y enseguida vimos que se nos daba bien y, lo que empezó siendo un hobby, se acabó convirtiendo en lo que es ahora mi profesión”.

A finales de los 80, cuando apenas se había oído hablar del pádel en España, aquel grupo de amigos del que Ramiro Choya formaba parte, hizo mucho por sentar las bases de lo que hoy es el pádel: “Éramos un grupo de inconscientes, frikis del pádel que nos encantaba”, afirma Choya quien explica que “uno que era abogado tenía conocimiento de temas legales y formó una agrupación; otro tenía un contacto e hizo un circuito con un sponsor que era pequeño pero ya suponía tener 5-6 pruebas; otro se encargó de la parte de arbitraje; a mí me llamó la atención la parte de docencia y en el año 1993, junto con unos amigos, fundamos el área de docencia de la Federación Española de Pádel, mientras competía. Cada uno fue avanzando en un segmento y al final se cerró el círculo y conseguimos tener un circuito, un ranking, unos sponsors y fuimos hacia arriba, pero desde un punto de vista amateur y sin tener ni idea de lo que unos años más tarde iba a ser el pádel”.

Recuerda Ramiro “los primeros campeonatos, la escasez de parejas y la carencia de medios que había entonces”. Visto con perspectiva y viendo lo que es el pádel ahora, “la evolución ha sido bestial”, manifiesta nuestro protagonista. “Por entonces, jamás pensé que el pádel iba a ser mi vida. Jugaba porque me gustaba, estudiaba mi carrera y tenía la idea de que, en esos años y mientras me estaba formando, hacía deporte como podía hacer otra cosa. Jugaba al pádel, veía que se me daba bien, iba avanzando en el ranking pero como no había dinero porque no existía la figura del jugador profesional no pensabas que en un futuro se podía vivir del pádel como se vive ahora desde varios segmentos”.

Un crecimiento lento

Fueron pasando los años. El pádel fue muy poco a poco creciendo y, en los noventa, aún estaba lejos la idea de poder vivir de un deporte recién llegado. “Para ganar algo de dinero del pádel me tuve que retirar como jugador”, comenta Ramiro quien apunta que “en el año 1998 dejé de jugar, conseguí una concesión de terreno en el Colegio Brains, que hasta día de hoy la regento, y me volqué en el club y en el área de docencia en la Federación Española de Pádel”. Ramiro es consciente de que “estos años soy más conocido por mi trabajo con jugadores profesionales” pero no obvia el hecho de que “el grueso de mi vida lo he hecho en la base formando monitores y dando a conocer el pádel”.

Ser pionero en algo implica ser autodidacta y trabajar en el prueba-error. “Yo nunca tuve entrenador de pádel ni existía esa figura. No podíamos fijarnos en nada porque éramos los primeros y, en realidad, nosotros aprendíamos de los alumnos”, explica Ramiro quien, un buen día y después de muchos años, decidió que “todos esos conocimientos que llevaba almacenados desde hace muchos años ponerlos en práctica a través de una metodología propia”.

El hombre orquesta

La expresión “hombre orquesta” aparece durante varias fases de esta interesantísima conversación con un hombre que es, sin duda, historia viva del pádel y que ha hecho absolutamente de todo: “Jugar, fundar el área de docencia, dirigir la selección española, crear el primer circuito infantil que se hizo en España que organicé con cinco o seis pruebas en Málaga, Bilbao, Madrid, Barcelona… en sitios donde empezaban a juntarse los chavales, a conocerse y a competir entre ellos”. Es a finales de los noventa, en estos primeros campeonatos de menores, cuando Ramiro conoció a figuras que, hoy en día, resuenan en los oídos de los amantes de nuestro deporte: Paquito Navarro, Pedro Alonso-Martínez, Jacobo Blanco, Alejandra Salazar o Begoña Garralda. “Tenían 8-9 años y son los que más me llamaron la atención. Recuerdo esos años como unos años muy bonitos de mucha camaradería en los que no había la presión que existe ahora”, recuerda el actual entrenador de algunas de las grandes figuras del circuito WPT.

“Paquito y Peter, socios fundadores de Padel Trotters, son los jugadores que más conozco porque los he seguido desde niños”, apunta Ramiro quien cuenta que “he visto toda su evolución no solo padelística, también a nivel personal, y siento mucha satisfacción no solo por ver el número uno de Paquito, también el cómo se han ido desenvolviendo en la vida. Peter se ha casado, ha formado una familia, sigue jugando al pádel con la misma ilusión de siempre, se está abriendo un camino empresarial con un montón de líneas de negocio en las que está investigando y en las que seguro que antes o después le darán buen resultado. También siento mucho orgullo por Paquito, por ver cómo se ha encaramado a la primera posición del ranking mundial después de muchos años de luchar y pensar que iba a ser muy difícil y no lo iba a conseguir, y al final se ha conseguido”.

Un romántico del pádel

Ramiro es consciente de que “el hecho de que se haya profesionalizado el pádel hace que se pierda la esencia y se disfrute de otro modo. Lo que era un hobby lo he convertido en mi profesión. Algo divertido se ha convertido en algo que te genera responsabilidades e intento mantener mi parte romántica porque me encanta el pádel”. Precisamente esa parte sale a relucir cuando piensa en el día de mañana: “Dentro de ‘x’ tiempo ya no estaré, pero mi amor y mi cariño por el pádel siempre estará ahí. Me encantará ver desde la barrera cómo el pádel se jugará en todo el mundo, estoy convencido”.

Pese a la exigencia y el tiempo que requiere ser el entrenador de jugadores profesionales, Ramiro Choya no pierde de vista a los más pequeños. Aquellos que serán las estrellas del futuro. Es con ellos, con los niños y niñas en formación, con los que Ramiro siente “mayor satisfacción”. Explica que, lógicamente, “los objetivos son distintos” aunque asegura que “por mi edad y por mi imagen puedo influir casi más en jugadores que están en formación, no solo por la parte de aprendizaje, si no también por valores y enseñarles el camino que es más complicado con los profesionales, que superan los 30 años y que ya tienen sus personalidades formadas y sus sistemas de juego muy desarrollados”.

Un deporte en constante evolución

Un deporte tan joven como el pádel está en constante evolución. “Mi forma de ver el pádel ha ido evolucionando con el juego”, comenta Ramiro quien admite que “a nivel técnico, táctico y de materiales no tiene nada que ver de cuando jugaba yo a como se juega ahora. Es otro deporte distinto. Ha habido que ir haciendo una evolución gradual del juego. He tenido que desterrar mitos y cosas que dabas por hechas. El deporte es tan joven que muchas cosas que pensabas que iban a ser para siempre nos hemos dado cuenta que no es así. Es un deporte en evolución continua”, certifica el entrenador madrileño quien cree que ocurre tanto “a nivel técnico-táctico como también a nivel de medios de comunicación, en los materiales, en la evolución de la gestión de los clubes, etc.”. Choya asegura que “todavía estamos en la prehistoria del pádel y tenemos que estar abiertos a la cantidad de cambios que se van a producir en todas las líneas y segmentos que abarca el pádel”.

Que el futuro del pádel es infinito y está asegurado es algo en lo que coinciden muchos. También nuestro protagonista, quien cree que “la locomotora del pádel mundial es España pero, sin ninguna duda, y gracias al circuito tan estupendo que tiene del World Padel Tour, estoy seguro que en breve el número uno de Bélgica, Holanda, Suecia o Portugal estará compitiendo de tú a tú con los grandes y ganando torneos de forma regular”.

Esta conversación con uno de los grandes referentes del pádel español y mundial está tocando a su fin. Llena de emoción ver la pasión con la que habla del deporte que, casi por casualidad, llegó a su vida para quedarse. Un deporte que tanto le debe. Ramiro Choya habla con una modestia y una humildad sobre su figura que no nos hace más que constatar la suerte que tiene el pádel de haberle encontrado en su día: “Siento mucha satisfacción al ver cómo los jugadores confían en mí y en mi trabajo, el respeto y el cariño con el que me tratan y poder disfrutar de sus éxitos. Uno no puede evitar sentir cierto orgullo cuando ve crecer el pádel, el número de licencias, los países en los que se practica, y pensar que es algo en lo que puse un granito de arena. Me siento un privilegiado”, concluye.